

"Si que son tercos y orgullosos.
Pero cuando se habla de los Enanos,
solo hay que recordar una cosa:
Los Enanos simplemente nacen
para hacer la guerra."
Los Enanos son una raza antigua y trabajadora, antaño esplendorosa. El imperio de Kayak-Ankor, imponente en su día, ahora yace en ruinas, y los vistosos refugios de montaña de los Enanos han sido abandonados o conquistados por los Orcos y los Goblins, contra quienes han luchado durante siglos. No es raro oír a un Enano narrar con nostalgia las grandes glorias del pasado, observando amargamente que ningún logro actual de su raza puede compararse con la majestuosidad de antaño.
Los Enanos, un pueblo lleno de orgullo, reaccionan a la menor provocación, ya sea real o imaginaria, y recuerdan las afrentas durante años, hasta el punto de legar la responsabilidad de la venganza a sus herederos mediante sus Libros de Agravios. Tal vez sea ese orgullo obstinado lo que les impide admitir abiertamente que su cultura está llegando lentamente a su ocaso. Sin embargo, en el fondo saben que son una raza condenada. Eso les proporciona una perspectiva amarga del mundo exterior, y tal vez explica su afición a ahogar las penas en jarras y jarras de cerveza.
De hecho, lo único que valoran más que un trago de cerveza es el oro. Un Enano sediento de oro es algo digno de ver. El control y la legendaria resistencia de esta raza se desvanecen por completo cuando se les presenta la oportunidad de conseguir oro. Los Enanos no tienen rival como mineros y expertos en minerales y metales. Sus obras de ingeniería y artesanía son muy valoradas en todo el mundo, y son veneradas hasta por los Elfos.
El destino de los Enanos está irremediablemente ligado al de los hombres del Imperio. Desde que Sigmar unió a las tribus de los hombres en defensa de los Enanos durante la Batalla del Paso del Fuego Negro, este pueblo de
robustos guerreros juró por su honor que ayudaría a los hombres cuando lo necesitaran. Con el destino del Imperio ahora en juego, parece que ha llegado el momento de saldar esta vieja deuda.
Opciones profesionales:
- Rompehierro
- Martillador
- Sacerdote rúnico
- Ingeniero
Ejército enano: Los Portajuramentos 
Las nuevas que informaban de la caída de Karak Ocho Picos supusieron un duro golpe para el orgullo de los enanos. Thorgrim Custodio de Agravios, Gran Rey de los enanos, se enfrentaba no sólo al enorme ejército que se preparaba para atacar su capital, sino también a una crisis en la moral de sus hombres. Dada su sabiduría, sabía que para soportar el inminente ataque sus súbditos necesitarían la motivación adecuada.
Así, el Gran Rey compareció ante todos los enanos congregados en Karaz-a-Karak y pronunció un gran discurso. Los mejores herreros rúnicos y maestros de forja de todas las Montañas del Fin del Mundo se reunirían para elaborar armas de un poder similar a las de sus antepasados herreros. El Gran Rey bautizó estas armas como Atacantes de Condenación, ya que sellarían el destino de los pieles verdes.
Para garantizar la calidad de estas poderosas armas sólo se emplearían las gemas, el oro y los minerales más exclusivos en su forjado. Con el fin de reunir tan preciados recursos, los enanos tendrían que desplazarse a algunos de los lugares más peligrosos del Viejo Mundo. Sólo los enanos de habilidad y coraje excepcionales eran aptos para tal fin, de modo que el Gran Rey decretó la formación de un nuevo regimiento al que dio el nombre de Portajuramentos.
Tal era la importancia de su cometido que los enanos que quisieran unirse a los Portajuramentos deberían realizar un juramento ante el Gran Rey en persona. Cuando las filas del nuevo contingente estuvieron repletas, el Gran Rey ordenó a sus portajuramentos dirigirse al Viejo Mundo para conseguir todo el material que los maestros de forjas necesitaran.
Como recompensa a su valentía y dedicación, el Gran Rey prometió que cuando las Atacantes de Condenación estuvieran terminadas, los propios Portajuramentos las llevarían al combate a la vanguardia del ejército enano.