
“Escuchad mi señor, Señor de todos los Druchii. De la lejana Catai a las tierras usurpadas de nuestro pueblo maldito y desde las frías tierras de Norsca hasta las brumosas junglas de las Tierras del Sur, nuestros ejércitos son temidos con motivo. Somos los únicos en mantener vivas las nobles tradiciones de nuestros ancestros de Nagarythe. Sólo nosotros seguimos la senda iniciada por el grandioso Aenarion el Defensor. Sólo nosotros seguimos el verdadero camino.“
Siglos atrás, cuando el Caos se desató en el mundo por vez primera, Aenarion, campeón de los Elfos, extrajo la temible Espada de Khaine del altar en que reposaba y usó su aterrador poder para salvar a su pueblo de la aniquilación. A la muerte de Aenarion, su hijo Malekith fue considerado indigno de ocupar el trono. A pesar de ser un poderoso guerrero, un gran hechicero, un general brillante y el heredero legítimo al trono, muchos Elfos se opusieron a su coronación, ya que temían que estuviese obsesionado con la guerra y llegase a suponer una influencia desestabilizadora para los Altos Elfos y su raza. Como venganza, Malekith urdió durante años una terrible guerra civil que dividiría a la raza de los Elfos en dos facciones.
Cuando la guerra hubo terminado, fueron los Altos Elfos los que salieron victoriosos y consiguieron expulsar a los Elfos Oscuros del ancestral hogar de su raza. Bajo el liderazgo de Malekith, el Rey Brujo y su madre la Hechicera Morathi, los Elfos Oscuros navegaron a través del Gran Océano occidental y fundaron un nuevo reino para sí mismos en lo más remoto al norte del Nuevo Mundo. Llamaron a esta tierra Naggaroth; la "Tierra del Frío" en su lengua.
Al contrario que los Altos Elfos, que buscan constantemente la supresión de sus pasiones, atenazados por el temor de verse dominados por ellas, los Elfos Oscuros aceptan voluntariamente su naturaleza hedonista. La sociedad de los Druchii fomenta el individualismo, el egoísmo y el orgullo como sus valores. Tienen poco respeto por los demás y mucho menos por el resto de razas del mundo, a quienes ven como súbditos y esclavos en potencia.
En la batalla, los despiadados guerreros de Naggaroth aúnan la disciplina élfica con la brutalidad y la ferocidad, ya que el dios protector de los Elfos Oscuros es Kaela Mensha Khaine, el Dios de la mano sangrienta y Señor del Asesinato. En ningún lugar es más evidente que entre las seductoras y letales Elfas Brujas que sirven en los templos de Khaine y se deleitan con la violencia y los baños de sangre.
Desde que fueran expulsados de Ulthuan, el mayor deseo de los Elfos Oscuros ha sido siempre volver a Ulthuan y vengar su derrota, reclamando la tierra que creen que por derecho les pertenece. En la Era del Juicio, Malekith recibe noticia de una inminente invasión del Imperio por parte del Caos y usa esta información para provocar una cadena de sucesos que dejarán a la isla natal de los Elfos indefensa contra una invasión. Bajo el mando del Rey Brujo, una gran flota de Arcas Negras (inmensas islas flotantes cargadas de soldados, bestias y maquinaria de guerra), navega a través del océano a la conquista del reino insular de Ulthuan y a la conquista del destino que se les negó a los Druchii tanto tiempo atrás.